En mi casa es el día de mi vieja, en Colombia el día de la independencia (felicidades amigos) y en Argentina, el día del amigo. Hoy todos se llaman por teléfono y los restaurantes y bares se llenan de gente bien intencionada con ganas de charlar un rato.

La amistad siempre fue todo un tema para mi. No se bien por que. Quizás sea por esa cosa que te imprime el rugby en esos años de la vida donde lo que aprendes te marca. Esa cosa de “hombro con hombro”, “todos para uno” que tiene ese deporte y que te marca a fuego. En esos años aprendí que la amistad era eso. Era algo que se daba y recibía de manera incondicional, que era algo de dos vías donde por lo general lo que se daba se recibía de la misma manera. Y casi siempre esa manera era “al 100%”. Brindarse “a full”.

Con los años terminé dándome cuenta que esa era una noción de amistad un tanto idealista que podía tener que ver con la adolescencia pero no con la madurez. A medida que fui creciendo vi cambiar ese concepto de amistad y mutar hacia algo si bien menos puro, bastante mas realista: brindarse entero al otro, no significa que el otro haga lo mismo, pero tampoco implica que ese no sea tu amigo.

Por supuesto, y como corresponde a un cabeza dura como yo, tardé muchos años en querer asumir esa mutación, con los consecuentes a golpes de la vida que eso conlleva. En el camino, me desilusioné varias veces. Y desilusioné a unos cuantos otras tantas. Esperé que los demás me demostraran su amistad de la manera que yo suponía que debía ser, sin darme cuenta que debía esperar de los demás solo lo que ellos podían brindarme y no lo que yo quería que sea. O sea, en la amistad hay que saber comprender las limitaciones mutuas.

Así y todo, con los filtros que los años han impuesto, puedo decir con orgullo que he sabido conservar la amistad de un puñado desde hace casi 30 años, y que se mantiene incólume a pesar del tiempo y la distancia. También puedo agregar el otro puñado, el mas nuevo, el que creció y se cimentó con la vida de inmigrante. Es ese otro puñadito de personas que ha enfrentado con nosotros esto de ser inmigrante y pelearla a 10 mil kms. de casa. Ese puñadito que supo dar y recibir y que hoy forma parte de nuestra familia en el exilio. Y también están ustedes, claro, ese puñado grandote de amigos virtuales a los que les he abierto las puertas de mi vida y que han sabido responder al momento de mostrar que esta amistad también es de dos vías.

Ser amigo también es enojarse, discutir y no estar de acuerdo. Amigos son los que saben estar en los festejos pero también en las malas, sin necesidad de que los llames. Son los que saben que se tienen que acercar y preguntarte “que puedo hacer por vos”, no los que esperan en su sillón a que les pidas una mano. Amigo es el que sé que me necesita “no matter what”. El que cuando le pregunto como esta, también le interesa saber como estoy yo. El que después de haberlo escuchado también me sabe escuchar, sin que se lo pida.

En este día del amigo “argento” entonces, le mando un abrazo a los que están lejos, a los que están cerca, a los que conozco de carne y hueso y a los que no. A todos esos que supieron aceptar mi amistad y brindarme la suya. A los que supieron estar, dejando de lado la comodidad de esperar el llamado. A los que me escucharon llorar, a los que me enseñaron, a los que me acompañaron.

A todos esos y a ustedes… Feliz Día.




Author: Guillermo
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