De chiquito era blogger

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Cuando sos chico y empezás a hacer un deporte, generalmente lo hacés o por que tu viejo te lleva de los pelos o por que vas con algún amigo de la escuela. En mi caso, me hice socio de Gimnasia (o GEBA para la mayorí­a – quién no fué socio de GEBA o de Ferro alguna vez en su vida?) por que empecé a hacer fútbol con “Peperucho” Albornoz cuando estaba en Cuarto Grado. Al año siguiente comencé rugby con el Gordo Vicentí­n, en 9a división. El Gordo Vicentí­n era buen tipo. Me acuerdo que lo iba a buscar a su casa en el Pasaje Lezica y de ahí­ ibamos con su familia al Club durante todo el dí­a. Después, cuando empezamos el secundario, el Gordo Vicentí­n no fué más a rugby y yo seguí­.

La verdad que fué una de las épocas más felices que recuerdo. Ir al club era fabuloso. Compartir con los chicos estaba muy bueno. Todo eso, por supuesto, acompañado por una buena dosis de adolescencia que siempre viene muy bien. Fuimos, sin ánimo de exagerar, el mejor equipo juvenil de rugby que el club tuvo en la década del 80. Si no hubiera sido por los egoí­smos de nuestros mayores y las ansias polí­ticas de algunos infames seguramente hubieramos llegado a Segunda División mucho antes de lo previsto. Cuando jugábamos de locales se llenaba la tribuna nada más que para ver al equipo de “Cacho” Varela. Un infierno!

Me acuerdo que a todos los partidos iba acompañado de un papelito donde, en el micro de la vuelta, anotaba los detalles del partido: con quien habí­amos jugado, cuanto habí­a salido el partido, cual habí­a sido el equipo, los cambios, quienes habí­an anotado puntos, que se yo. Todo eso, en algún momento, lo volcaba en limpio en un cuaderno que guardaba en casa. El cuaderno guarda algunos detalles más, agregados por mí­, y hasta estadí­sticas al final del año acerca de los goleadores y un montón de cosas más. Todo prolijamente detallado con colorcitos y todo, en dos cuadernos Gloria de 48 hojas rayadas.

Jugué al rugby desde los 10 años hasta mis primeros veintes, con alguna que otra interrupción en el medio. Me acuerdo la decepción y la tristeza que me agarró el dí­a que tení­a que empezar la Facultad y los horarios eran de noche! Fuck! No podí­a ir más a rugby! Aún así­, siempre que la situación se dió tuve mi pequeño retorno a las canchas… hasta que un dí­a dije basta. Fué cuando un pilar de St. Andrews que no me llegaba al hombro y tendrí­a unos 3 o 4 años menos que yo, me dobló el brazo y me cagó a palos en cada maldito scrum al que entrábamos. En ese momento me dí­ cuenta que habí­a llegado el momento de decir basta.

Desde los 10 años hasta mis primeros veintes todo está escrito en esos cuadernos. En dos cuadernos Gloria de 48 hojas rayadas que ahora están conmigo en Canadá y que guardo como el recuerdo mas preciado de mi infancia / adolescencia / juventud. Por que parece que de chico era blogger y no lo sabí­a.

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Author: Guillermo
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1 Comment

  • Javier

    Y yo sigo diciendo, que grande como escribe este pibe !!! realmente se hace muy agradable leerte…
    saludos

Comments are closed.