Las veterinarias, las mascotas y cuando se lucra con los sentimientos.

El viernes por la noche casi se nos muere el perro. Cosas de perros. Vida perra, digamos. Por alguna razón se le dio vuelta el estómago al tipo y casi “crepa”. Pero ya está bien por suerte. Zafó.

El viernes por la noche, “gracias” a Moe y su estómago “flippero”, pudimos conocer una faceta de la perversión a la que todavía no habíamos tenido acceso. Quisiera poder encontrar una palabra que lo describa bien pero me cuesta. El Hospital Veterinario de Ottawa me hizo sufrir en carne propia el negocio perverso de la vida y la muerte, el lucro desvergonzado e impúdico que gira en torno a las mascotas. Alguna vez escribí que en este país, aparte de Tim Hortons, el negocio pasaba por las tarjetas de felicitación, la imprenta para folletos y las mascotas. Creo que no me equivoqué por mucho.

Decidite ya que se muere!

El solo hecho de entrar a la veterinaria te obliga a pagar un fee de 135 CAD. Derecho viejo. Es el fee de admisión “no matter what”. Por supuesto, esto no es el hospital público ni un Walk-In Clinic, no hay 4 horas de espera en “el triage” ni nada de eso. Esto es un lugar donde todo se maneja con cash… y donde hay cash, las cosas se mueven rápido. A los 3 minutos vinieron a buscarlo, lo miraron rápidamente, hicieron 4 o 5 preguntitas y se lo llevaron para que lo vea la doctora. Mágicamente, a los 5 minutos, volvieron a la sala de espera (en la que estaba con Santiago y unas personas más) para lo que seria el primer “pijazo” de la noche:

“Que dice la doctora que hay que hacerle una radiografía  y (no se que mas me dijo) y necesita su autorización. Son 180 por uno y ciento tanto por otro. ¿Qué quiere hacer?”

Así nomas, en frío, en medio de la sala de espera y delante de todo el público presente. Me resultó, al menos, antipático y fuera de lugar. ¿Podrían llamarme a un costadito para “hacerme la primer oferta de la noche”?  No. Quizás no hubiera tenido el efecto deseado. De todos modos, uno tampoco iba a decir que no. Había que saber que tenía Moe!

Al rato, y MasterCard mediante (por que para cobrar somos todos rapidísimos!), nos llevan a ver a la doctora. Amablemente y con terrible cara de circunstancia (la situación ameritaba, debo ser sincero) nos muestra a Santiago y a mí los resultados de las placas y nos explica el problema y las opciones:

“Podemos hacerle un lavaje de estómago y le pasamos un cateter y que se yo. Eso sale 600+. Y si eso no funciona, hay que operar. Eso sale no menos de 3000.”

A mi me bajó la presión, creo. Me agarró un frío por la espalda y un sudor que acompañaba. No puedo describirles mi cara de sorpresa. Creo que debe haber sido bastante gráfica, por que Santiago me mira, se agarra la cara y me dice, con sus doce añitos y todo su amor a cuestas manda “Yo te doy mis ahorros!” No era sólo la gravedad del asunto y la consternación, sino los precios que se manejaban para la solución.

Ante la pregunta de si eso era todo lo que se podía hacer, la respuesta sobre la tercer alternativa se la imaginan: “Detener el sufrimiento… Por solo cien dólares + taxes”. Y es ahí cuando empieza el juego de las presiones… Que decidir ya. Que no hay tiempo para pensar! La doctora te recuerda que el bicho esta ahí, con el suero colgando y sufriendo como un condenado. Apurate! No dejes pasar mas el tiempo, te dicen. Le debo a la doctora el segundo pijazo de la noche con su  “delicadeza” de escupirnos todo con su cara de circunstancia y delante de un chico de 12 años, para el cual el perro es casi como un hermano de sangre. Si eso no es “apriete”…!

No voy a dar muchas vueltas sobre como se resolvió. Digamos que no tuve que llegar a la operación y que a la MasterCard le sale humo. El Sábado por la tarde lo fui a buscar y me comí el tercer y último pijazo. Por supuesto el costo final de la jodita superó ampliamente lo previsto en el presupuesto. Me acordé del famoso restaurant de Capusotto…

http://www.youtube.com/watch?v=sINWfoSF-QA

Pero la cosa es que me quedé pensando mucho sobre este tema…

Lucrar con tu desesperación

Esa manera hábil y descarada de lucrar con tus sentimientos y cobrarte precios espantosos por un procedimiento o una radiografía, basado solamente en el apego y cariño que se le pueda tener a un animal, simplemente no la acepto. La incómoda situación de estar decidiendo sobre la vida y la muerte basado en un limite de crédito es muy incómoda. ¿Y si resulta no podés ponerte con 4 o 5 mil dólares para una operación? ¿Que pasa con aquel que no puede afrontar una emergencia para su mascota? ¿Como se puede tener tanto descaro en empujarte a una situación límite de manera tan impune?

El viernes a la noche no fue uno más. Cuando pensás que las viste todas, siempre pasa algo mas que te hace sorprender. Necesito un seguro médico para el perro, por que la próxima vez podemos no tener tanta suerte.

Me fui del Hospital pensando en que privilegiados somos los humanos en tener un sistema de salud como el que tenemos.



Author: Guillermo
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