Serie “Canadá y Yo”. Capítulo 4: “Los hijos, vos y la inserción en la sociedad”

Cuando preguntas por qué quieres venir a Canadá, la gran mayoría suele decir que una de las razones es para darles un mejor futuro a los hijos.

¿Qué no haríamos por nuestros hijos, no es así? Tanto haríamos por ellos que hasta enfrentamos la odisea de cambiarnos de país.

Pero y ellos… ¿cómo lo viven? ¿qué les pasa? ¿Y a vos? ¿Qué te pasa? ¿Cómo es la inserción en la sociedad para vos?

Nosotros tuvimos nuestra propia experiencia y hoy la quiero compartir con vos aquí, en esta cuarta entrega de la serie “Canadá y Yo”.

El problema no son los hijos, son los nietos.

Mi vieja, que hoy pobre tiene un Alzheimer que no le deja ni recordar el nombre de sus nietos, me regañó durante mucho tiempo el haberme ido a Canadá no porque me haya ido yo sino “porque me robaste a mis nietos”.

Entiendan que no es una acusación, es la forma que algunas madres/abuelas tienen de expresar su dolor. Entienden la situación que a uno lo lleva a irse, saben muy bien que seguramente en otro país podamos estar mejor, celebran que sus hijos y nietos eventualmente gozarán de una vida algo menos dificultosa que la que hasta ese momento llevaban en su país de origen. Pero no dejan de ser madres ni de ser abuelas.

No importa que te vayas vos, hijo, hija. Les estás llevando a los nietos. Y esa factura te la van a pasar siempre. Y está bien. Es una forma de amor que solo las madres tienen. Pobre vieja. Ojalá esté sufriendo menos.

Cuando te decía que no te debías ir sin dar todos los abrazos que pudieras porque podían ser los últimos, hablaba de estas cosas.

Dale a los abuelos la oportunidad de disfrutar los nietos mientras puedan. Después no se sabe.

El problema no son tus hijos, sos vos.

Llegamos a Canadá en Mayo de 2005. Nuestro hijo mayor tenía 7 años. Recién había comenzado segundo grado en Buenos Aires. A fines de Julio cumplía 8.

Nuestro hijo menor en ese momento (un par de años después llegaría el tercero) tenía algo menos de dos años. Los cumplía a principios de Agosto de ese año.

El problema sos vos I

Como llegamos a fines de Mayo y a fines de Junio terminaban las clases, no tenía sentido meterlo a Santiago en la escuela. Era mejor esperar el fin del verano y que comience en Septiembre. Error de cálculo. Hoy estoy seguro que hubiera convenido llegar más adelante. Pero uno tiene la visa encima y se calienta. No se quiere quedar más tiempo en su país. Se entiende. La ansiedad te gana.

Llegar cuando llegamos significó tener que salir a hacer todas las vueltas con los chicos encima. Los chicos se aburren, se ponen fastidiosos, tienen calor, te obligan a hacer pausas más prolongadas y con mayor frecuencia. Si uno los tuviera en la escuela o la guardería podría hacer las cosas solo o con la esposa y tener otra capacidad de maniobra. Te dejo la anécdota para que lo pienses.

El problema sos vos II

No tuve mejor idea que anotarlo al mayor en una Colonia durante el verano, organizada por la Ville de Gatineau. Capaz que era buena idea que vaya conociendo a otros chicos, que aprenda el idioma y que se yo. No. No fue buena idea. Santi sufrió los episodios de bullying más violentos que un chico puede tener. Y no hablo de violencia física.

Si hubiera sabido que en las Colonias de vacaciones los chicos están “supervisados”(por poner una palabra) por chiquitos de secundaria que no pasan los 17 años, que se la pasan de joda y no tienen la menor idea de como tratar ni con pequeños ni con pequeños recién llegados le hubiera evitado el mal trago a mi hijo. Es el día de hoy que maldigo la idea. Pero que sabe uno cuando recién llega.

El problema sos vos III

Facundo, el menor en ese momento, comenzó a ir a una guardería privada a pocas cuadra de donde vivíamos en Hull (Ville de Gatineau). Era una familia Yugoslava que, como muchas otras familias, utilizan su casa como guardería. Fue allí donde Facundo aprendió sus primeras palabras… en Yugoslavo. Por supuesto.

Pocos días antes de las fiestas de fin de año el Sr. Yugoslavo me informa por escrito que a partir del 2 y hasta el 9 de Enero iban a cerrar la guardería por vacaciones. Justo después que todo el mundo llegaba de las suyas y tenía que volver al trabajo. ¿Qué clase de locura es esa? ¿Cómo puede ser que un tipo decida así nomás y con tanta “frescura” cagarle la vida a “sus clientes”?

Para responder la pregunta nos tomamos el trabajo de ir al Centre de la Petit Enfance (CPE) que correspondía a la zona, donde nos enteramos que el tipo puede hacer lo que se le cante sin supervisión alguna del CPE porque ellos lo único que hacen es pasar el dinero de manos entre las guarderías y el gobierno. Toma, nota, mi amigo.

A la vuelta de las vacaciones el Sr. Yugoslavo me informó que no iban a recibir más a Facundo en la guardería “por falta de colaboración de sus padres”. Mirá que casualidad.

El problema no es que los chicos no se adapten. El problema es uno que aprende a los golpes.

La edad de la inocencia

Los chicos tienen un aura especial que se las da su inocencia frente al mundo. Interactúan con los otros sin que haya problema de nada: ni olor, ni color, ni religión, ni lo que te parezca. Ellos juegan , interactúan y aprenden. En la escuela, en la guardería o donde les toque… un ambiente controlado, en el que se los supervise y se los cuide. No en la colonia de vacaciones, claro.

La escuela funciona bien como entorno de adaptación. Las escuelas están acostumbradas a recibir chicos extranjeros de manera constante y tienen planes acorde con eso. Algunos, como en Quebec, funcionan con las “Escuelas de Bienvenida” en las que los adaptan hasta que estén listos para la escuela regular. En Ontario directamente los ponen en la clase regular y la maestra se encarga de esa adaptación con ayuda de un profesor de ESL que, si tenés suerte, lo visita seguido (generalmente es uno para varias escuelas)

Al fin y al cabo, los chicos se adaptan mucho más rápido que uno. Aprenden el idioma más rápido que uno (que hasta que escucha hablar a sus hijos pensaba que sabía el idioma bastante bien) Se hacen amigos más rápido que uno.

Como suelo decir: “No te preocupes tanto por tus hijos. Preocúpate más por vos”.

El Ghetto

Cuando somos recién llegados intentamos hacer dos cosas a la vez: ampararnos en nuestros “connacionales” y buscar las amistades locales. Lo primero funciona siempre mucho más rápido que lo primero. Es más fácil buscar “el ghetto” porque te genera una sensación de protección y comfort. No está bien ni está mal. Es lo que a cada uno le salga o quiera.

Los recién llegados somos muy de criticar todo. Nos subimos con frecuencia al caballo del que juzga y señala sin darnos cuenta que estamos haciendo el ridículo. Si querés el ghetto, querés el ghetto y se terminó. Tener “el amigo canadiense” no te hace diferente o mejor.

El ghetto te deja ver que no porque vengamos todos del mismo país tenemos que ser amigos. Porque después de todo no hubiéramos sido amigos en Argentina (o México, o Colombia o Venezuela). Venimos del mismo lugar pero de lugares diferentes. Somos distintos aquí y fuimos distintos allá. El Ghetto es bueno para eso, para hacerte despertar y ver que quizás elegiste compañías que no debías.

No es malo ser selectivo a veces. Hay cordobeses piolas y cordobeses medio tontos. Como en todos lados. Que se metan el Ferné en el c….

La regla del primer año

Con los canadienses he observado algo interesante que dí en llamar “La Regla del Primer Año”. La aprendí cuando nos mudamos a nuestra primera casa. Una cuadra con pocos vecinos. Unas 10 familias como mucho. No te dan mucha bola cuando llegás. Apenas si te saludan cuando te ven sacando la basura o te cruzan de casualidad. Durante el invierno se guardan. Aunque si te tienen que ayudar a palear la nieve lo van a hacer. Después se vuelven a guardar y no los ves más hasta la primavera.

Si luego del año seguís ahí, si en la primavera siguiente no te mudaste, vas a tener la suerte que te vengan a hablar del tiempo y que quizás te inviten una cerveza o la charla se expanda un poquito más de 5 minutos. Es, al parecer, el protocolo del vecindario.

Y no es que sean mala gente. Son buena gente. O son malos. O tontos. O inteligentes. Que se yo. Hay de todo como en todos lados.

Diría que son reservados, que prefieren mantener distancia y acercase de a poco. Se abrirán con vos a medida que les muestres cierta afinidad.

Un día se irán sin despedirse. Aunque te saludarán con candor al cruzarte nuevamente en algún lado meses o años después.

No intentes descifrarlos. Convive con ellos y listo.

Entre Argentina y Canadá

Nuestra casa es una mezcla entre Argentina y Canadá. Se habla español, se come en horarios canadienses. Se toma mate. Nos reímos con Les Luthiers. Hacemos patinaje sobre hielo o ski. Los chicos juegan soccer y nosotros miramos fútbol. Cuando hay Mundial de Fútbol se hincha por Argentina. En los JJOO de Invierno se hincha por Canadá. Vemos a Los Pumas y a los Senators. Disfrutamos del rugby y del Fútbol Americano. Del asado de tira que compramos pidiendo “Miami Ribs” y que cocinamos a nuestro estilo. Porque después de todo somos y vamos a ser un poco de aquí y un poco de allá hasta que las generaciones se terminen de depurar y lo argentino se vaya perdiendo para que lo canadiense persista.

Nuestros hijos son más Canadienses que Argentinos porque su vida es más de aquí que de allá. Nosotros somos más Argentinos que Canadienses porque nuestra vida es más de allá que de aquí.

Y así será hasta que la muerte nos separe. Amén.



Author: Guillermo
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3 Comments

  • …Nuestros hijos son más Canadienses que Argentinos porque su vida es más de aquí que de allá. Nosotros somos más Argentinos que Canadienses porque nuestra vida es más de allá que de aquí…..
    Buen colofón de este buen articulo…

  • Gabriel Alvarez

    Excelente reflexión, muy profunda.

    Gab

  • Perla

    Hola Guillermo,

    Me encantan tus narraciones!! Aunque siempre en una sola me haces carcajear y lineas después ya estoy lagrimeando. jaja. Pero tu estilo no lo cambio por nada!!! GRACIAS por compartir y por tus aportaciones invaluables!!

    Y al fin te digo: “Saludos desde Canada” …antes siempre era “Saludos desde Mexico”…

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