Serie “Canadá y Yo”. Capítulo 5: “La salud”

Si le preguntás a 10 canadienses que es lo que más orgullo les da de su país, estoy seguro que 8 te contestan “El Sistema de Salud” y de esos, quizás 3 te agrega “aún con sus fallas”. Por lo menos alguno lo admite. Lo de las fallas.

Es que el Sistema de Salud Canadiense es maravilloso en la teoría pero imposible de hacerlo funcionar como corresponde en la práctica. Tanto es así, que capaz que hasta llegues a extrañar la salud de tu país.

Hoy, en la quinta entrega de la serie “Canadá y Yo”, te voy a contar nuestros avatares con el sistema de salud canadiense.

Mejor contarlo con anécdotas

Les comparto un puñado de historias por las que debimos pasar. Algunas son graciosas y otras no tanto. Pero nos pasaron y son verdad.

La Doctora que no me quería curar

En el verano de 2006 me agaró una trombosis en la pierna. Para el que no sabe y no quiere buscar, es cuando se te tapa una vena por comer porquerías. Es peligroso porque si no lo tratas podría irse al cerebro y dejarte paraplégico o eventualmente causarte la muerte si se te va a los pulmones.

Estábamos en Waterloo, ese año había comenzado a trabajar para BlackBerry. Habíamos conseguido abrir un expediente como familia con una Doctora de la zona. Teníamos suerte. Conseguir un médico de familia que lleve tus casos y te haga los seguimientos no es fácil.

A las pocas horas (¿o días? no recuerdo) de haber salido del Hospital con el diagnóstico, las medicinas y demás recibo un llamado de la secretaria de la Doctora diciendo que no, que ella no era mi médico de familia y que no me iba a hacer el seguimiento de mi trombosis.

Luego de un amable llamado del Hospital, decidió cambiar de idea.

Fue la misma doctora a la que le comentaba que tenía una sensación de adormecimiento en el muslo izquierdo y en vez de pedirme que me bajara los lienzos para ver la pierna me preguntaba de que color la tenía. ¡Ya ni me acuerdo del nombre del mal recuerdo que me trae!

El Médico que no me quiso atender

Hace un par de años, ya de vuelta en Ottawa, estaba en la oficina y me comencé a sentir mareado. Pedí permiso a mi jefe para irme hasta una Clínica (“Walk In Clinic” les llaman aquí a las Clínicas a las que podés entrar de paso a ver un médico).

Luego de la espera de rigor el Dr. que me había tocado en suerte me comienza a recriminar que por qué estaba yo allí si tenía un médico de familia (no la señora de arriba, una en Ottawa que es muy buena – al contrario de la otra) No importaba las veces que le decía que el mareo era ahora y que no me sentía bien como para seguir esperando, que apenas había podido manejar hasta allí, más me decía que tendría que haber ido a mi médico de familia… No tenía idea de si mi Doctora ese día tendía, ero él está en una Walkk In Clinic que queda cerca de mi oficina… ¡Listo! ¿Para qué seguir discutiendo? Bueno, para el Sr. Doctor no importaba.

Así que me hinché las p… y le dije que si no me quería atender que está bien, que me iba y que “Go F… yourself” Y salí a las puteadas en todos los idiomas del consultorio a la sala de espera cosa que los demás pacientes se enteren de “mi descontento”.

El paseo en Ambulancia

Esta es de las buenas.

Sábado a la mañana, vueltas varias, algo de trabajo y mientras tanto algunas almendras y una barra de proteínas con maní. Al rato siento picazón en las manos. Picazón en las palmas de los pies. Picazón en el cuero cabelludo. Sudor. Molestia en el ojo. ¿Qué c… pasó? La única vez que había tenido algo parecido había sido comiendo moluscos en Chile hacía ya diez años.

Subo a ver a mi esposa y le digo “me voy a la farmacia a comprar algo porque me parece que me agarró una alergia” Mientras le hablaba la cara de espanto de Patricia me decía que algo andaba peor de lo que pensaba. Según su porpia naración “parecía el hombre elefante por lo deforme que estaba”. Nos fuimos los dos juntos a la farmacia a 5 minutos de casa.

La Sra. Farmacéutica me miró y me dijo: “Querido, andá a la Walk In Clinic de al lado porque esto es grave”.
Entro a la Walk In Clinic y me hacen pasar a los 3 minutos (¡impensado!)
A los 15 estaba la ambulancia en la Clínica.
A los 20 estaba en el Hospital
A las 4 horas me dieron de alta.

Ahora resulta que también soy alérgico a las nueces, maníes y demás derivados. Quien iba a decir que en Canadá me iba a agarrar una alergia nueva.

El extraño caso del niño con una cosa verde en el oído izquierdo

Martín, nuestro hijo menor. El primer canadiense de la familia. Fiebre. Mucha fiebre. Clínica. Espera. Revisación…

“Pero Señora, este chico tiene algo en el oído”, dice la Doctora.
“OK, saqueselo”, decimos nosotros.
“Pero va a llorar”, responde.
“So what?”, le decimos.
“No… vaya al Hospital de Niños”, responde.
“WTF?””… decimos nosotros.

Hospital de niños. Revisación. “Uh, no. Que es muy complejo. Que hay que sacar turno con el especialista”

A esa altura estaba claro: nadie se quería jugar a que el chico se quejara y que por casualidad los padres les hicieran juicio por mala praxis. Era fija que venía por ahí la mano. Así que el pobre Martín se tuvo que aguantar unos días más con “esa cosa verde en el oído izquierdo” hasta que fuimos a ver al especialista que finalmente hizo su trabajo a pesar de los pataleos y lloridos del chico… que al final tenía la punta de un lápiz verde en el oído.

La Mujer Radiactiva

Antes de irnos de Argentina, el médico de Patricia (su obstetra, el que trajo a Santiago y Facundo al mundo) le dijo que tenía una formación rara en el cuello. Que se hiciera ver cuando estuviera aquí. Costó un tiempo, pero logró que la revisaran. Era un tumor benigno, pero tumor al fin. Había que operarla de la glándula tiroides y luego hacer seguimiento por unos 5 años para que todos nos quedemos tranquilos que ya era “Cancer Free”

Fue un proceso largo que involucró viajar de Waterloo a London (unos 90 kilómetors hacia el sur) porque el Hospital de allí es más grande y estaba el especialista o el equipamiento adecuado, no recuerdo. Sí recuerdo que tuvo que quedarse un fin de semana encerrada en una habitación especial para hacerse un tratamiento con Radiactividad. Finalmente la operaron en el Hospital de Kitchener (donde nació Martín).

Cuando volvimos a Ottawa le continuaron el seguimiento aquí hasta que no hace mucho tiempo atrás, la declararon libre de Cáncer.

Todo funcionó bastante bien durante ese episodio. Cuando hay una emergencia o la cosa es grave, el sistema funciona. Lento, pero funciona.

La inyección

La voy a hacer cortita: Patricia necesitaba una inyección de no se qué. Era algo relacioando con el tema de arriba. Nadie se la quería dar. Terminamos en lo de un médico al que hubo que pedirle por favor. Pero el médico NO tenía agua destilada para diluir el polvillo con la droga. Tuve que salir a dar vueltas por todo Kitcehener y Waterloo preguntando quien me podía vender agua destilada para una inyección. Nadie sabía. Ni en las farmacias. Terminé en el hospital, donde me la regalaron.

Casi dos horas después, Patricia tuvo su aplicación.

Fue el cuento de tirarle la pelota a otro para que se haga cargo. Terrible.

No es que el sistema sea malo…

Es que simplemente no funciona porque, creo yo, la demanda que tiene el sistema de salud es mucho más que lo que la oferta de servicios puede aguantar.

Para esperar un especialista hay que estar meses. Si te embarazas, el obstetra pasa a verte dos minutos como mucho y no te contesta nada o lo hace rápido y se va… porque tiene 50 mujeres más esperando y es la única en la zona. Si hay algo de riesgo en lo que se debe hacer, lo primero que te dicen es “No” por miedo a los juicios. Si te lastimás y vas al Hospital, en la guardia vas a tener que esperar horas y horas hasta que tu problema sea más grave que el de los demás que esperan con vos. Etc., etc.

Si venís de Argentina, vas a extrañar la medicina prepaga, la posibilidad que te mande un médico a tu casa y muchas de las perlitas que nos dió el sistema de salud privado. ¿Está bien? ¿Está mal? ¡Que se yo! Yo, luego de varios años, he decidido ya no utilizar el sistema de salud a no ser que sea estrictamente necesario. Si me pasa algo, primero me curo yo. Después vemos.

Cuando me atienden y me curan, por lo general lo hacen bien. pero también la erran. A veces los yerros son muchos y muy complicados. Simplemente porque ese médico está sobrepasado de trabajo. Esa enfermera está cansada. O lo que sea que suceda con un sistema en el que hay muchos pacientes y pocos profesionales de la salud.

¿Y por qué no me dejan ejercer si necesitan médicos?

Es una excelente pregunta. Habría que preguntarle a la CMA por qué se muestra tan combativa al respecto y, sin embargo, no hace mucho para evitar que los pocos médicos locales se los lleve EEUU.

Es una discusión que está siempre ahí, dando vueltas, omnipresente. Es algo que el Gobierno sabe que debe mejorar pero no logra torcerle el brazo a los Colegios Profesionales como la CMA y otros.

Crepo que también hay un tema de avaricia. Cuantos menos comen de la torta, más grandes son las tajadas. ¿Por qué dejar que esos profesionales extranjeros vengan a morder de mi porción ofreciendo (quizás) mejores servicios (quizás) con costos menores?

No tengo la respuesta y estas opiniones son muy personales y, como habrán visto, basadas en la experiencia (hay muchas más pero creo que con esa muestra sobra)

Si te sirve mi consejo…

…te diría que aprendas primeros auxilios en tu país, que tengas un buen botiquín siempre a mano, que comas sanito y hagas ejercicio.

Y de vez en cuando, que hagas un “Health Your” a tu país para hacerte revisar por tu médico de confianza, ver a tu dentista de siempre y dejar el Sistema de Salud Canadiense para los libros de historia y alguna emergencia donde valga la pena.



Author: Guillermo
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6 Comments

  • Eliana Franzo

    Guillermo, Gracias por contarnos tus experiencias. hace ya 6 meses que a mi hija no le dan un diagnostico sobre una dolencia…porque con cada especialista son 2 meses y medio para un turno!!!!!El sistema en mi opinion NO fun-cio-na!! . Ademas terminas pagando un seguro privado y te imponen plazos, lugares etc para tratarte…Como extraño la prepaga de Argentina!!!! (perdon por la falta de acentos, es mi teclado).

  • Gabe

    El tema de la salud pública en Canadá es como el de las armas en USA; no funciona, pero nadie va a aceptarlo porque es un tema que hace a la identidad nacional mas o menos. Todos tienen una historia de terror, todos saben que a veces pasan años (mi caso) para conseguir un médico de familia que no esté a 100km, pero decir “privatización” es una herejía que te conduce directo a la hoguera. Los políticos ni lo mencionan porque nadie los va a votar si dicen algo de privatizar o tener la opción de ir a una clínica pública o privada, la asociación de médicos no le hace la vida fácil a los médicos extranjeros, y así seguimos con una población que envejece y naturalmente tiene más problemas. Hay, por supuesto, buenas historias y excelentes doctores, pero también tenés algunos como el que me tocó hace un tiempo que me dijo, y no es broma, que tengo que juntarme con mi mujer a leer la biblia y rezarle a Jesús para que me cure. De más está decir que cuando pude levantar mi mandíbula del piso, agarré mis cosas y me fui a otro lado. En fin, da para largo. Un saludo.

  • Carlos Manuel Fernández

    jajaja. Guillermo me he reído hasta más ko poder con tus anecdotas. Yo también he agarrado mi lucha para ver a un médico aún con mi seguro de estudiante, como dices arriba tiene sus fallas, pero resuelven. Saludos desde Toronto.

  • Lizeth Briceño

    Tan mierda es el sistema de salud canadiense? Yo aquí en Perú tengo las mejores clínicas privadas a mi entera disposición gracias al seguro particular de mi esposo, pero por motivos de acceder a una educación de primera dentro de una sociedad justa -y sobre todo pacífica- es que vamos a emigrar a Canadá. Y yo que pensaba que lo ‘peor’ de Canadá era el crudo invierno. Ni modo…

    • Gabe

      Mucha gente piensa que emigrar es la solución a todos sus problemas, yo siempre digo que por el contrario emigrar es cambiar un conjunto de problemas por otros y está en cada quien decidir con cuáles puede vivir mejor.

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